En una calle solitaria de Coacalco, Estado de México, una cámara de seguridad captó el momento exacto en que la vida de una pequeña chihuahua cambió para siempre. No fue un accidente, fue una decisión: su propia familia detuvo una camioneta Voyager y la dejó sobre el asfalto, a merced de la nada.
La pequeña, de edad avanzada y con sus ojitos nublados por la ceguera, apenas podía moverse. Llevaba puesto un suéter, el último rastro de un hogar que, en su momento de mayor vulnerabilidad, decidió que ella ya no valía el esfuerzo. Este acto de maltrato animal ha desatado una ola de indignación, recordándonos que la vejez y la enfermedad en una mascota no deberían ser una sentencia de abandono.
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Vecinos de la zona, al percatarse de la fragilidad de la perrita, no dudaron en rescatarla. Aunque hoy se encuentra bajo el calor de un refugio temporal, el trauma de la confusión y el miedo en sus movimientos es evidente. Las autoridades del Estado de México ya consideran este acto como un delito grave que se paga con cárcel, y la comunidad no piensa dar marcha atrás.

